La clase de Física y Química se convirtió por un rato en un pequeño centro de investigación, donde los alumnos de 1.º de Bachillerato se enfrentaron a un clásico de la ciencia: el péndulo simple. Armados con hilo, masas, cronómetros y mucha paciencia, intentaron determinar el valor de la aceleración de la gravedad, ese famoso número que hace que todo lo que sube, baje… y a veces se rompa.
La actividad consistió en medir el tiempo que tarda el péndulo en completar varias oscilaciones y, a partir de esos datos, calcular el valor de la gravedad usando la fórmula correspondiente. El grupo fue refinando sus medidas hasta conseguir resultados bastante cercanos al valor teórico.
Más allá de los números, la práctica permitió al alumnado comprender que la Física no vive solo en los libros, sino que se puede ver y experimentar con materiales sencillos y un poco de método. También descubrieron que los errores de cálculo forman parte del proceso científico… y de la vida académica.
Al final de la sesión, la conclusión fue clara: la gravedad sigue siendo la de siempre, pero la forma de mirarla cambió un poco para todos. Y aunque algún péndulo casi sale volando, nadie resultó herido, salvo quizá el orgullo de quienes pensaban que esto iba a ser “coser y cantar”.
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